Entrevistas

Hernán Migoya

Prolífico autor de historias, Hernán Migoya ha escrito relatos cortos (Todas Putas, Putas es poco), novelas (Observamos como cae Octavio), premiados guiones de cómics (El hombre con Miedo, Arsesino, Olimpita, …), y de películas y además ha dirigido un par de cortos y una película. Lanza ahora, durante el salón del cómic, su nueva novela ‘Quítame tus sucias manos de encima‘, una arriesgada propuesta que reúne en más de 400 páginas su amor por el género Pulp, el cine de serie B y las aventuras de puro entretenimiento. Hacemos un breve repaso a su carrera a través de las diferentes preguntas, (Cortometrajes, novelas, polémicas, … y futuros proyectos).

Hernán Migoya

Lanzas durante el salón del cómic tu nueva novela ‘Quítame tus sucias manos de encima’ ¿Qué significa para ti hacerlo en un sitio donde has gozado de buena salud profesionalmente?
Básicamente, tiene cierto sentido por todo el proceso de publicación: la editorial es Norma Editorial, especializada en cómics; los 51 ilustradores de la novela son autores de cómic y por tanto muchos estarán también allí; y profesional y sentimentalmente yo estoy muy ligado al Salón del Cómic de Barcelona. Todo cuadraba para lanzarlo allí.

Primero con la novela ‘Observamos como cae Octavio’ sorprendiste saltándote los clásicos diálogos novelizados (Él dijo, ella le contestó,…) e innovas al usar diferentes colores de tinta según los personajes para mostrar sus diálogos, ahora con ‘Quítame tus sucias manos de encima’ también sorprendes, no solo con la inclusión de 51 ilustraciones de 51 autores de primera línea del cómic regresando a esas novelas juveniles ilustradas (para un servidor las de Julio Verne) sino que argumental y estilísticamente; explicando una historia dentro de otra, a su vez, dentro de otra. ¿Por qué? ¿Crees que hay mucho por renovar en el género literario?

En la vida no hay que hacer nada. No hay obligación de nada. Para mucha gente, incluida la más cultivada, lo de siempre es lo mejor: las series de TV, excepto las mejores, siguen teniendo un esquema folletinesco para enganchar al espectador, y a todos les encanta; las novelas que más venden suelen seguir siendo pura narración llana y simple, donde el narrador es el modelo típico omnisciente y nadie se plantea si lo que expresa el narrador es realmente lo que piensa el escritor. Crear tantos planos narrativos y tantos cuestionamientos son producto de mi propia incomodidad con las formas clasicistas, las asumidas automáticamente por la mayoría de escritores desde hace siglos. A mí hay cosas que me cargan y no entiendo cómo no han evolucionado. Pero es más bien resultado de mi paranoia intelectual que de una necesidad de nadie. Como digo, nada es necesario.

Hablemos sobre tus primeros cortometrajes… ¿Cómo surge el proyecto de filmar “D.N.I.”?, en el fanzine Ojalatemueras, el actor del corto Jordi Ordoñez explica la escena del robo del bolso final, ¿Qué ocurrió exactamente?
Uf, DNI fue simplemente una historia que yo había rodado para un amigo que quería dirigir. Como muchas personas, terminó dándose cuenta de que era más fácil seguir de crítico cultural y enjuiciar lo que hacen los demás, que hacer algo propio y sufrir el juicio ajeno. El proyecto quedó sin director, así que a los 24 años, sin habérmelo planteado nunca antes, pensé: pues voy a dirigirlo yo. Me gasté un millón de pelas de mis ahorros para hacerlo en 16 mm. y me tiré de cabeza.
Y, efectivamente, DNI no le gustó a nadie, digamos a nadie de la intelligentzia generacional. Hoy es una especie de corto de culto.
La escena del robo final fue en las Ramblas. Jordi arrebata un bolso de la protagonista y varios transeúntes que no sabían que aquello era ficción, se abalanzaron sobre él. Fue, obviamente, una reacción que quedó muy realista en el celuloide.

Y hablando del Ojalatemueras…seguimos recordando tu extenso artículo sobre “El Guardaespaldas”, ¿Qué habías fumado?
Nada. El guardaespaldas será pronto un clásico del cine negro estadounidense, para mí ya lo es. Cada uno escribe sobre lo que le afecta. A mí me impactó el discurso del filme, que por cierto está escrito por Lawrence Kasdan: cómo alguien siente necesidad de enfocar su vida como una misión épica y cómo su único miedo es la necesidad de compromiso: el único miedo del guerrero. Ésa directriz impuso mi vida durante mucho tiempo.
Es un gran filme y Mick Jackson un gran director. La cultura popular hay que reconocerla en el momento, no vale dejar pasar treinta años, hasta que se convierte en una reliquia del pasado: eso es analizar siempre desde la barrera.

En tu segundo corto “El Desnudo de Jenni” vuelves a contar con Jordi Ordoñez, esta vez como cineasta amateur que desea ver a la actriz de su corto desnuda. ¿Biográfico?
No. Precisamente lo que me sorprendía es que como cineasta consigues cumplir todas tus fantasías, por perversas que sean. La acreditación de “director de cine” es como una patente de corso de cara a los demás: lo que en un individuo normal se consideraría aberrante y nauseabundo, en un “artista” se permite. Mira todo lo que ha pasado con Polanski: si no fuera artista, se le habría etiquetado y linchado como un ser infecto. Al ser artista, de alguna manera inconsciente hasta se le comprende y condona. En general, bajo el pretexto del “arte”, muchas mujeres se han abierto de piernas y muchos hombres se han humillado ante otros. Ésa era la idea que me obsesionaba: el poder que a un mortal cualquiera le otorga la categoría de artista y con qué habilidad o torpeza puede hacer uso de ese poder. Ser artista es convertirte en mago, a ojos de muchísima gente.
Las chicas se quieren acostar contigo sólo porque les ha gustado un libro o una película tuya. Confunden la magnitud de la obra con la del individuo que la generó. A alguien con quien a los 18 no quería acostarse nunca nadie, ciertamente es algo que le llama la atención.
Y de pasó, el corto me sirvió para ver a mi actriz desnuda varias veces.

En Todas Putas toda la atención se dirigió al relato “El Violador”, pero nos gusta especialmente el texto titulado “El Trabajo”. El protagonista es otro aspirante a cineasta fanático de un director con los rasgos de Juanma Bajo Ulloa…
Sí, ese relato sí es autobiográfico. Como mi personaje, yo también me metí en el mar barcelonés de noche, vestido y en pleno invierno, para darme valor ante la disyuntiva de tomar un trabajo de oficina normal o seguir mi vocación artística. Mi afán era averiguar si podía vencer el miedo que siempre nos atenaza para abordar las cosas que queremos.
De ahí, empapado como un pulpo, no supe dónde ir, y recordé que el único conocido que allí vivía era Andreu Martín, el excelente escritor de novela negra. El pobre flipó cuando me presenté en su piso diciéndole que me había metido en el agua porque quería demostrarme que podía hacer las cosas que quería. Cuando se enteró de que todo se basaba en aceptar o no un trabajo “normal”, me dijo: “Pero acéptalo. Si parece que es de puta madre”. Ahí se me vino un poco abajo el mito del artista sin concesiones.
En el cuento, cambié a Martín por un remedo de Bajo Ulloa, porque por aquel entonces era mi cineasta español predilecto, con diferencia (La madre muerta me parece un peliculón), y por carácter y talante le venía muy bien al personaje, para “novelizarlo” un poco más.

Y en Putas es poco volvías con la secuela de “El Violador”, pasada ya la polémica y pasados ya los años, ¿Cómo ves la situación en distancia?
Bien. Anteayer me encontré por casualidad al periodista que lanzó toda la polémica sobre el libro y que ha estado seis años evitándome en Barcelona. Le reproché que no me hubiera llamado, antes o después de la polémica, para darme alguna explicación de la manipulación que mi entrevista y el libro iban a sufrir, y el hecho de que el propio periódico que te entrevista declare en su editorial ese mismo día que eres un indeseable. “Yo no decidí el titular”, se limitó a decirme, como si eso le absolviera de toda culpa. Es de esos tipos de timidez enfermiza, incapaces de mirar a los ojos de la persona con la que habla. Le iba a dar una hostia, pero tenemos un amigo común que me pidió que me contuviera. Así que le solté cuatro gritos, y el pobre escapó, humillado y patético. Es otro de esos seres escurridizos que camuflan su cobardía vital, su deshonestidad y su incapacidad de comunicarse con la imagen pomposa del periodista cultural.

Ya se ha dicho todo sobre la producción de ¡Soy un pelele!, ¿te quedan ganas de volver a rodar? ¿Proyectos?
Pues por ahora estoy muy ocupado con varios guiones de cómic. Sí tengo escrito un guión de cine, Las salvajes, para el director de videoclips Joan Vallverdú, un tío con mucho talento que quiere debutar con este largo. Pero ahora quiero terminar mis guiones de cómic y más adelante sí. Me gustaría rodar en Perú, donde paso largas estancias: quiero hacer una película de terror en los Andes y cine porno con limeñas creyentes. Ésos son mis dos objetivos a medio plazo.

Tras la película, volviste al mundo del cómic con Olimpita (realizado junto a Joan Marín) que disfrutó de una buena recepción ¿te lo esperabas?
Mmmm… No, no me lo esperaba. Sospechaba que al tener una temática social, algunos periodistas le darían más eco. Joder, una historia de amor urbana entre una catalana hija de andaluces, que sufre maltrato, y un inmigrante senegalés, es un bocado muy apetitoso para la prensa “comprometida”. Pero no me esperé tan buenas críticas. Obviamente, creo que gustó el hecho de que no fuera un tratamiento típico, porque con un argumento así, lo fácil hubiera sido una obra tremendista, y yo me esforcé por darle su dignidad y su imprevisibilidad a todos los personajes, que no fueran estereotipos ni cayeran en clichés. A partir de ahí, sí me escama que en este país la temática social abra tantas puertas y el resto de géneros las cierre. Somos un poco provincianos.

Has trabajado con diferentes dibujantes con multitud de dibujantes (Man, Juaco Vizuete, Perro, Rubén del Rincón,…), ¿como haces para compenetrarte con todos? ¿Sigues siempre un mismo sistema o cada uno es diferente?
Como decía el guionista Jorge García, cada obra de cómic hay que enfocarla como si le hicieras un traje a la medida del dibujante. Así es exactamente: estudias el estilo del dibujante, su narrativa, lo que se le da mejor y peor… y te adaptas a eso, hasta concebir el guión de manera que le vaya como un guante. Nunca he tenido problemas con ningún dibujante con los que he trabajado. Jamás. Los únicos problemas vienen con aquellos dibujantes poco profesionales que no terminan el trabajo empezado. Pero eso es inevitable, dibujar cómic es una de las actividades artísticas más duras que existen, siempre te va a tocar algún fiasco así. Pero con todos los dibujantes que he publicado tengo una excelente relación. Respeto y admiro mucho su arte. Soy como esos raros directores de cine que adoran a sus actores. Yo adoro a los dibujantes. Y disfruto muchísimo viendo mis fantasías proyectadas sobre el papel por el talento de otra persona.

¿Cómo escribes el guión de los cómics? ¿Entregas solo diálogos, diálogos y descripción de viñetas, proporcionas las páginas abocetadas,…?
Eh… También depende de cada dibujante. A Joan Marín le entrego una especie de storyboard abocetado que luego él respeta o no, pero que a mí me sirve para visualizar toda la página. Me gusta mucho trabajar así, decidiendo la planificación. Ojo, luego doy libertad al dibujante para variarla o no, siempre que estemos de acuerdo en las modificaciones.
Pero ese método de abocetado es muy duro, me desgasta mucho. Así que intento también alternarlo con guiones mecanografiados de manera clásica –que es como trabajan casi todos los guionistas de cómic-, mucho más fáciles de plasmar, y dejas más libre la planificación. Así estoy escribiendo Unidos en la división, un álbum de la División Azul dibujado por Bernardo Muñoz, o Lolita Pop, el spin off de Esther y su mundo que me ha vuelto ha juntar con mi querido Man. Lo ideal es encontrar la mejor manera para ti y para el dibujante.
Luego, cuando todo está dibujado, repaso minuciosamente los diálogos. Me he convertido en un obseso. En Olimpita, cada personaje hablaba exactamente como la etnia a la que pertenecía: Olimpita como charnega, Glòria como catalana autóctona, Ass como francófono adaptándose al castellano, Iris como peruana… El batiburrillo fue tal que en Estados Unidos nos rechazan publicar la obra, porque los editores que saben español no entienden un carajo de los diálogos.

En el mundo del cómic sabemos que junto a Joan Marín preparas Plagio, basado en una historia real de un secuestro en Perú (Plagio significa secuestro en Perú) ¿Cuándo lo podremos disfrutar?
Creo que lo lanzaremos en septiembre. Son 250 páginas muy intensas, el pobre Joan está sufriendo mucho para plasmar el universo de Lima. Hasta viajó allí para fotografiarlo todo, los sitios exactos donde transcurrió el secuestro. Esa novela gráfica creo que va a ser un mazazo para todos los que idealizan el Tercer Mundo y va a sacer a la luz cómo actúan las autoridades en países sudamericanos, desde la policía hasta los altos cargos.

¿Otros proyectos en cómics?
Tengo cuatro proyectos por publicar: los mencionados Plagio, Unidos en la División, Lolita Pop y un cómic protagonizado por la artista Chiqui Martí, que ya está terminado pero aún no tiene título. Y ahora quiero escribir dos guiones más: Dos águilas de un tiro, otro álbum de guerra que dibujará Beroy; y Juanito, otro spin off de Esther y su mundo, dibujado por un ídolo mío de la niñez, Edmond.

Volviendo a ‘Quítame tus sucias manos de encima’, los escritores suelen reflejarse o quieren ser como sus personajes de ficción, ¿Eres John Figueroa o te gustaría serlo?
No, no me gustaría serlo, para nada. Pobre John Figueroa, a mí no me gustaría que Danny Trejo me empalara con su pene. Ni me han perseguido miles de Evos Morales para tronzarme a machetazos. A otro nivel, obviamente, el protagonista de la historia, John Figueroa, tiene muchas cosas de mí. Él pertenece a la clase alta; yo no, pero en Latinoamérica soy algo así como un “nuevo rico”, sólo por el hecho de ser español y escritor. Como él, me gustaría proyectar una imagen homogénea, pero todos tenemos nuestros secretos, miedos y fobias. Y, como él, no me siento a gusto con ninguna clase social. Soy un desclasado, no me gusta poner etiquetas a la gente hasta que conozco a la persona. Y también como él, me meto en demasiados líos por decir lo que opino.

Por último ¿A quienes les dirías “Quítame tus sucias manos de encima”?
A todos los europeos que, teniendo sus vidas solucionadas por mera inercia del sistema, no tienen sentido del humor.

Quítame tus sucias manos de encima lo edita Norma Editorial, 416 págs.

Viernes 7, a las 13:30 Presentación de la novela en el salón del Cómic en la sala de conferencias.
Sábado 8, a las 19:30 Charla dentro del I Salón del Cómic Social: Juventud y crisis, una vida de puta madre, con Jaime Martín (”Sangre de barrio”), Ricardo Hermida, Hernán Migoya y Joan Marín (”Olimpita”), Anibal Mendoza y Martín Tognola (”Barcelona Low Cost”)

– Además estará firmando durante el salón del cómic en el stand de Norma Cómics.

Entrevista por: Bouman & Pere Koniec
© Imagen: Norma Editorial
© Imagen: Bouman